Alan González Suárez, una inspiración que trascendió fronteras
Aún sentía la emoción de haber ido a uno de los conciertos más excitantes a los que había asistido en su vida; durante la hora y media del regreso de Minneapolis a Rochester, su actual residencia en Minnesota, Alan González Suárez repetía una y otra vez Steady, as She Goes, una de las canciones que Jack White había interpretado en su recital.
El graduado del Cinvestav Monterrey, Chief Scientific Officer e Investigador Principal en Sersense, Inc., una startup surgida de la Clínica Mayo, es gran seguidor del rock alternativo. Reconoce que una de las grandes ventajas de vivir en Minnesota es poder asistir a ese tipo de espectáculos con regularidad, ya que desde su adolescencia la música alternativa es una de sus grandes aficiones.
Pero lo que llevó a Alan a Minnesota no fue el rock alternativo, sino su verdadera pasión: la ingeniería biomédica. Incluso, su tono de voz cobra fuerza cuando recuerda sus primeros meses de la maestría de Ingeniería y Física Biomédicas en Cinvestav Monterrey, que coincidió con el ingreso de su asesor a la institución, el doctor José Luis García Cordero.
El originario de Guadalajara, Jalisco, recuerda haber escuchado muy poco en el país de una nueva línea de investigación llamada microfluídica (un campo que combina ciencia e ingeniería para estudiar pequeñas cantidades de fluidos en canales microscópicos), pero durante el periodo en que ayudó a montar los equipos de laboratorio a su asesor, pudo escuchar las vivencias del doctor García Cordero en Suiza durante sus estudios y desarrollo profesional, lo que sirvió para germinar en Alan una pasión por el tema.
Pero su interés por la investigación no siempre estuvo presente. A punto de terminar sus estudios de Ingeniería Biomédica en la Universidad de Guadalajara (UdeG), Alan González recuerda no tener certeza de dedicarse a la investigación, pues lo visto en la carrera estaba más orientado al sector productivo. Sin embargo, al acudir a un evento de Cinvestav sobre promoción de posgrados, su visión se amplió.
Allí se enteró de los posgrados en Ingeniería y Física Biomédicas del Cinvestav Monterrey, el cual le llamó la atención por ser un programa multidisciplinario que aceptaba a estudiantes de áreas tan diversas como las biológicas, la física, la química e ingenierías.
A diferencia de otros programas de posgrado, en su primer año de la maestría en Ingeniería y Física Biomédicas Alan pudo involucrarse en proyectos científicos y aprender de lleno sobre microfluídica y microfabricación. Esa fue una curva de aprendizaje importante para acelerar su formación y le permitió concursar por una estancia en el extranjero durante los últimos meses de su maestría, con el apoyo de su asesor.
Así, su primera experiencia científica fuera del país fue en la Universidad de Washington, al noroeste de Estados Unidos, donde realizó una estancia por cuatro meses con el doctor Albert Folch, quien es un especialista en el desarrollo de dispositivos de microfluídica orientado al diagnóstico de cáncer, donde tuvo la oportunidad de participar en un nuevo proyecto para combinar la microfluídica y la estereolitografía (un tipo de impresión 3D).
La estancia le significó conocer nuevas técnicas de la microfluídica que le han servido no solo para compartirlas con sus colegas en Cinvestav Monterrey, sino para abrirse nuevos caminos en instituciones científicas, pues siempre tuvo en mente una de las frases que más repetía el doctor García Cordero: “lo que estamos desarrollando en México debe estar a la altura de lo que se genera en el resto del mundo”.
Esa filosofía pudo comprobarla pocos años después, cuando en uno de los congresos más importantes del mundo en torno a la microfluídica (MicroTAS), presentó su investigación frente a expertos internacionales. Su trabajo captó la atención del doctor Alexander Revzin, investigador de la Clínica Mayo, quien poco después le ofreció realizar una estancia posdoctoral en su laboratorio.
“Lo que me interesó de realizar el posdoctorado en la Clínica Mayo fue el reto de trasladar mi experiencia en microfabricación hacia aplicaciones con muestras reales de tejidos o fluidos humanos; es decir, trabajar directamente con pacientes para crear soluciones que mejoren su calidad de vida”, comenta González Suárez.
Tras tres años de posdoctorado, se abrió la posibilidad de ser contratado como ingeniero de investigación en el Departamento de Fisiología e Ingeniería Biomédica de la Clínica Mayo y, poco tiempo después se convirtió en Profesor Asistente de Ingeniería Biomédica.
Durante seis años en esa institución, Alan creció profesionalmente e incluso se involucró en la formación de Sersense, Inc., una startup de diagnóstico clínico, donde ha dirigido los esfuerzos de investigación y desarrollo.
“En 2024 aplicamos para programas de apoyo a la investigación en pequeñas empresas de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, y de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud (ARPA-H). Estamos desarrollando diversos proyectos.
En uno de ellos apoyado por el NIH, soy Investigador Principal, donde creamos una prueba para detectar enfermedades en bebés usando muestras mínimas de sangre. El dispositivo es automatizado y se puede usar en el mismo consultorio, dando resultados en 30 a 60 minutos sin perturbar la salud del bebé ni generar largas esperas. Otro proyecto similar permite la detección de preeclampsia en mujeres embarazadas de manera rápida y efectiva, utilizando solo una pequeña muestra de orina”, señala el investigador mexicano.
Ambos son dispositivos integrados y automatizados, cuyo objetivo es ser de bajo costo para poder llevarlos a otros países. Por otro lado, Alan funge como Co-Investigador Principal en el proyecto de ARPA-H, orientado a la creación de una ‘farmacia viviente’: un dispositivo con células vivas que se implantará a pacientes con síndrome de colon irritable para generar anticuerpos de manera constante y coadyuvar en su tratamiento.
Esta nueva etapa profesional la toma con el mismo ímpetu con el que iniciaba la maestría en Cinvestav Monterrey. No puede ocultar la emoción con la que platica de los desarrollos en los que está involucrado. Incluso, señala que, aunque hoy trabaja para pacientes estadounidenses, su objetivo es llevar estas soluciones a versiones de bajo costo para el mercado mexicano.
La pasión con la que Alan González se expresa de los desarrollos científicos y tecnológicos en los que trabaja es contagiosa, tal como la inspiración que en su momento recibió por su asesor del Cinvestav y que ahora busca transmitir a las nuevas generaciones de investigadores e investigadoras.