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Las vacunas contra covid-19 y sus distintos mecanismos de acción

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De acuerdo con un reporte de la Secretaría de Salud, en México a lo largo de 2021 se aplicaron 179 millones 63 mil 50 dosis de biológicos para covid-19 de distintas farmacéuticas (Pfizer-BioNTech, CanSino Biologics, Centro Nacional Gamaleya, Sinovac, Johnson & Johnson y AstraZeneca) cuyos compuestos actúan de diferente forma para brindar protección.

“La estructura del virus, que en su interior tiene un genoma de ARN de una sola hebra, está formada por varias proteínas, entre ellas la proteína S (o espícula) responsable de su unión con el receptor celular, evento indispensable para que la infección comience. Cuando un individuo se infecta, los anticuerpos para controlar la infección se dirigen contra esta proteína, por lo que a partir de este conocimiento se trabaja en la generación de vacunas”, señaló Ana Lorena Gutiérrez Escolano, investigadora del Departamento de Infectómica y Patogénesis Molecular del Cinvestav.

Las vacunas tienen la función de preparar al organismo para reconocer algo extraño o ajeno y desencadenan una respuesta del sistema inmunitario, el cual genera anticuerpos, recuerda al patógeno que ocasiona la enfermedad y el modo de combatirla. Es decir, si en el futuro se expone al patógeno contra el que protege la vacuna, el sistema inmunitario podrá destruirlo antes de que ocasione efectos graves.

Los biológicos contienen fragmentos minúsculos del microorganismo causante de la enfermedad o las instrucciones para replicarlos. Asimismo, incluyen otros ingredientes que se someten a diversas pruebas rigurosas para verificar su seguridad antes de introducirla en un programa de vacunación.

“Existen distintos métodos para diseñar una vacuna, pero en el caso de las administradas contra covid en México, hay cuatro tipos que se distinguen: 1) ARN mensajero (ARNm) o material genético que contiene las instrucciones para fabricar proteínas específicas como la proteína S; 2) vectores virales como el adenovirus, que entregan el material genético en las células del organismo para producir proteínas de SARS-CoV-2 en la célula como la proteína S;  3) partículas de SARS-CoV-2 íntegras inactivadas, que no causan la enfermedad y 4) proteínas virales producidas por metodología de biología molecular”, indicó la investigadora.

En el caso de Pfizer y Moderna, se basan en ARNm, una tecnología relativamente nueva. Después de recibirla, las células comienzan a producir esta proteína viral, lo que provoca que el sistema inmunitario produzca anticuerpos y una respuesta celular que prepara al organismo para combatir al virus SARS-CoV-2, en caso de un contagio.

A diferencia de otros métodos para diseñar vacunas en los que se utilizan vectores virales patógenos atenuados o proteínas recombinantes, en este tipo de vacunas se utiliza una secuencia de material genético que proporciona las instrucciones para fabricar proteínas específicas virales y no todo el agente.

En el caso de las opciones de AstraZeneca, CanSino, Sputnik V y Johnson & Johnson son vacunas que utilizan al adenovirus como un vector, en el que se inserta el material genético de la espícula de SARS-CoV-2 en el de un virus modificado, que no tiene capacidad de multiplicarse y por lo tanto es inofensivo. Cuando el vector viral ingresa a las células, entrega el material genético del virus SARS-CoV-2 con las instrucciones para hacer copias de la espícula que son reconocidas por el sistema inmunitario para crear anticuerpos específicos y así estar preparado para combatir la infección si hubiera un contacto con el virus.

En cuanto a las vacunas de Sinovac, Covaxin y Sinopharm, estas utilizan un virus previamente inactivado o atenuado por medio de procesos químicos, de modo que pierde la capacidad de replicarse y por lo tanto no provoca la enfermedad, pero aun así genera una respuesta inmunitaria.

Recientemente la Cofepris aprobó para su uso en México a la vacuna Abdala, que consiste en la producción de la proteína de la espícula o de subfragmentos mediante técnicas de biología molecular que son inoculadas y reconocidas por el sistema inmunitario.

A pesar de que todas estas vacunas se crearon con diferentes estrategias metodológicas, tienen en común la producción de anticuerpos y una respuesta inmunitaria celular que protege de la enfermedad sintomática o de las formas graves, lo que se conoce como efectividad y varía del 56 al 95 por ciento.

Aunque estas vacunas fueron diseñadas para ser aplicadas en una o dos dosis, el análisis de los datos clínicos ha resultado en la recomendación de la administración de dosis adicionales o refuerzos en intervalos de tiempo específicos para mejorar la inmunidad.

Además del refuerzo con vacunas homólogas, actualmente, una alternativa en la estrategia de vacunación de refuerzo es la utilización de vacunas heterólogas, es decir, de distinto mecanismo de acción, esto con el objetivo de mejorar la protección o para permitir mayor flexibilidad en caso de problemas de aceptación, suministro o disponibilidad, recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de la Secretaría de Salud.

Las vacunas seguras y eficaces son una herramienta para contener la propagación del virus, sin embargo, estar vacunados no significa que se puedan dejar de lado las medidas de precaución, sobre todo porque todavía se está investigando en qué medida protegen. Es por ello que además de la vacunación, es necesario continuar con el uso de cubrebocas, evitar los lugares concurridos, promover la ventilación en áreas cerradas y continuar con los hábitos de lavado frecuente de manos.

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