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La ingeniería oculta bajo los pies de futbolistas

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Imagen generada por IA

Es muy probable que al pensar en ciencia y tecnología aplicadas en un partido de futbol se remita a balones diseñados para alcanzar trayectorias precisas, calzado idóneo que mejora el agarre de las y los jugadores o sofisticados sistemas de transmisión capaces de seguir cada jugada desde cualquier parte del mundo. Sin embargo, existe un componente fundamental del juego que concentra un enorme despliegue de conocimiento científico: el césped.

En el marco del evento más grande del futbol, el terreno de juego se ha convertido en un espacio donde convergen disciplinas como la ciencia de materiales, la biología e ingeniería, con el objetivo de garantizar que cada cancha ofrezca condiciones uniformes para el desarrollo del juego, independientemente de la ciudad, el clima o las características del estadio.

"Lograr que el pasto esté listo para cada partido requiere del conocimiento de ingenieros agrónomos, biotecnólogos y otros especialistas", explica Fabián Fernández Luqueño, investigador del Departamento de Biotecnología y Bioingeniería del Cinvestav, quien dirige investigaciones que se centran en las interacciones entre plantas, microorganismos y suelo, así como en el desarrollo de soluciones bionanotecnológicas para mejorar sistemas agrícolas y ambientales.

Aunque desde las gradas el campo parece una simple superficie verde, debajo de él existe una compleja estructura diseñada para soportar la actividad deportiva y responder ante condiciones ambientales cambiantes. Todo comienza incluso antes de colocar el césped, las y los especialistas realizan estudios geotécnicos con los que determinan la capacidad de carga del suelo, evaluar su drenaje y analizar su composición química.

Estas características influyen directamente en el desarrollo de las raíces y en la disponibilidad de agua y nutrientes, aspectos que también son objeto de estudio en investigaciones del Cinvestav enfocadas en la salud y funcionalidad de los suelos.

La preparación del terreno inicia cuando la superficie se nivela cuidadosamente con el fin de eliminar irregularidades y garantizar que el campo tenga condiciones homogéneas en toda su extensión. Sobre esta base se instala un sistema de drenaje integrado por una red de grava, roca triturada y tuberías perforadas capaces de evacuar grandes volúmenes de agua en poco tiempo. Gracias a este sistema, incluso después de una tormenta, la cancha puede mantenerse firme y apta para continuar el juego.

Para evitar que los distintos materiales se mezclen y afecten el funcionamiento del drenaje, se incorpora una membrana geotextil que actúa como barrera de separación. Encima de ella se coloca una capa de arena especialmente seleccionada, cuya función es facilitar el movimiento del agua, favorecer la aireación y proporcionar las condiciones adecuadas para el desarrollo de las raíces.

Finalmente, sobre esta base se instala el césped. En los estadios de la actual justa, la superficie de juego suele estar compuesta por un sistema híbrido, el cual combina pasto natural con fibras sintéticas insertadas hasta 18 centímetros de profundidad. A medida que las raíces crecen, se entrelazan con estas fibras formando una red que aporta mayor estabilidad al terreno y evita el desprendimiento o deformación de la superficie.

“La estructura física del suelo, la interacción entre raíces y microorganismos son factores fundamentales para mantener superficies vegetales saludables, por lo que comprender estos procesos resulta clave tanto en la agricultura como en aplicaciones especializadas como las canchas deportivas”, puntualizó el especialista.

Otra de las ventajas de esta tecnología es que permite cultivar extensas superficies de césped sobre soportes diseñados para favorecer el desarrollo de raíces, lo que posibilita cortar el pasto en grandes secciones, enrollarlo, transportarlo a cientos de kilómetros y reinstalarlo posteriormente en otro estadio sin comprometer su capacidad de recuperación, manteniendo así los altos estándares de calidad que exigen las competencias internacionales.

Precisamente, esa capacidad de recuperación de las plantas depende de múltiples factores biológicos y ambientales, entre ellos el desarrollo de las raíces y las condiciones del suelo, procesos que actualmente son estudiados en el Cinvestav para mejorar la productividad y resiliencia de distintos sistemas vegetales.

Pero el reto no termina ahí; a esta infraestructura se suman sistemas de riego automatizado, drenaje por succión, ventilación del subsuelo y lámparas especiales de cultivo que sustituyen la luz solar en estadios donde las condiciones naturales resultan insuficientes para el crecimiento del pasto.

La próxima vez que una o un futbolista controle el balón con precisión o ejecute un cambio de dirección a máxima velocidad, quizá valga la pena mirar hacia abajo, donde se encuentra una parte importante de la ciencia que hace posible el espectáculo.

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