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Investigador del Cinvestav participó en estudio internacional de evolución urbana

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Las ciudades del mundo ocupan el 3 por ciento de la superficie terrestre, la mitad de la población vive en ellas y, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas, para el 2050 cerca de siete de cada 10 personas habitarán en zonas urbanas. Estas áreas representan un nuevo ecosistema, ya que al expandirse alteran múltiples factores ambientales y afectan la evolución de la vida.

Carlos Napoleón Ibarra Cerdeña, adscrito al Departamento de Ecología Humana del Cinvestav Unidad Mérida, es uno de los 287 científicos, de los cuales 126 son estudiantes de diferentes niveles académicos, que colaboraron en el proyecto Global Urban Evolution Project (GLUE), enfocado en hallar evidencias de cómo responden las comunidades de plantas y animales a la urbanización.

Esta iniciativa incluyó a 160 ciudades de 26 países, entre ellos México, los resultados de este trabajo de investigación fueron recientemente publicados en la revista Science.

El estudio se llevó a cabo con el trébol blanco (Trifolium repens), presente en ciudades con diferentes condiciones ambientales, pero que comparten patrones de urbanización que modifican el entorno, provocando el surgimiento de islas de calor o alterando la permeabilidad del suelo por la cobertura de superficies como el concreto, entre otros fenómenos.

Se sabe que esta planta produce cianuro de hidrógeno, una defensa química contra sus depredadores, por lo cual se evaluó la proporción de individuos de una población determinada que generan este compuesto y la cantidad.

El muestreo de las plantas (más de 110 mil) se realizó en zonas urbanas y rurales de diversos países y se encontró que la probabilidad de que produzcan cianuro de hidrógeno aumenta, en promedio 44 por ciento, conforme se encuentran más alejadas del centro de la ciudad.

Es decir, la tendencia para las plantas de las zonas con mayor nivel de urbanización es que la generación de cianuro de hidrógeno sea menor en comparación a las de áreas rurales, esto podría traducirse en la pérdida de la capacidad de defensa frente a especies herbívoras, en caso de que estén presentes.

Mientras que en 13 de 160 ciudades (de cuatro continentes) las plantas produjeron más cianuro de hidrógeno que las rurales. Una de estas es Uruapan, localizada en Michoacán, propuesta por Ibarra Cerdeña, junto con Lilibeth Toledo Chelala y Deysi Martínez Vázquez, ambas del Posgrado en Ciencias Biológicas de la UNAM, para realizar trabajo de campo y a partir de las muestras hacer los análisis de laboratorio.

“Elegimos Uruapan porque cumple con las características requeridas en el proyecto, como tener por lo menos 3 kilómetros de distancia desde el centro hasta la periferia, colindar con una zona rural del mismo tamaño y contar con mínimo 40 poblaciones de trébol blanco”, mencionó el investigador del Cinvestav.

Para Ciudad de México y Xalapa, en Veracruz, que también formaron parte del estudio, los resultados mostraron una tendencia similar a la de Uruapan, pero la diferencia entre las plantas urbanas y rurales, respecto de la producción del compuesto analizado, no fue significativa. Otras de las ciudades mexicanas incluidas en la investigación son Morelia, ubicada en Michoacán, y Toluca, en Estado de México.

De manera general, los resultados muestran que, a pesar de las variaciones entre los datos, relacionadas con factores como el estrés por sequía y la cobertura vegetal (y con ello la presencia o ausencia de herbívoros), hay adaptación a la urbanización: los tréboles blancos de las ciudades se parecen más entre sí, aunque estén en diferentes lugares del mundo, que a las plantas del área rural cercana.

Así, en el artículo “Global urban environmental change drives adaptation in white clover” se sugiere que la urbanización conduce a la adaptación a escala mundial y no solo eso, sino que está ocurriendo de forma rápida, señaló Ibarra Cerdeña.

Agregó que algunas especies se van a ir adaptando a las ciudades y, en caso de que sean vectores transmisores de enfermedades o plagas, pueden convertirse en una amenaza para la salud de la población.

Este tipo de trabajos colaborativos permiten desarrollar alternativas para evitar las islas de calor, por ejemplo, al crear áreas verdes (como parques con especies nativas), capaces de amortiguar la temperatura y dar resguardo a organismos que ofrecen diversos servicios ecosistémicos, dijo Ibarra Cerdeña.

A partir de este proyecto, encabezado por Marc Johnson, profesor en la Universidad de Toronto Mississauga (Canadá), varios de los investigadores que colaboraron han propuesto análisis complementarios. En el caso de Ibarra Cerdeña se centrará en la evolución del nicho ecológico (características ambientales que un organismo necesita) del trébol blanco en el contexto urbano y cómo esto determina la distribución de esta especie.

Puedes revisar el artículo original en este enlace: https://www.science.org/doi/10.1126/science.abk0989

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