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La memoria del dolor como objeto de estudio
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La memoria del dolor como objeto de estudio

Con 85 años recién cumplidos, Pablo Rudomín, investigador Emérito del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) y miembro del Colegio Nacional, continúa aportando al conocimiento científico para entender los mecanismos que debelarían un camino para contrarrestar el dolor crónico.

El objetivo de sus estudios es analizar la forma en que las poblaciones neuronales se comunican entre sí para transmitir información durante estímulos nociceptivos, que activan los sistemas asociados con la memoria del dolor, y también estudiar cómo se altera esta memoria durante la aplicación intravenosa de pequeñas cantidades de anestésicos locales.

Al dictar el seminario “Inhibición Presináptica. Crónica de una búsqueda”, hizo un recuento de las contribuciones que ha realizado a la neurofisiología, centrando sus esfuerzos por entender los mecanismos que controlan el flujo de la información sensorial hacia el sistema nervioso, que por muchos años se pensó estaban compuestos por rutas determinadas.

Precisamente, Pablo Rudomín, adscrito al Departamento de Fisiología, Biofísica y Neurociencias del Cinvestav, recordó que una de las aportaciones más relevantes de su grupo de investigación fue encontrar que la inhibición presináptica tenía un control selectivo. Estos resultados fueron publicados en la afamada revista Nature y significaron un hito en la materia.

Después de comprobar en diversos modelos animales que la corteza cerebral y otras estructuras controlan de esta forma el flujo de información, su contribución lo hizo merecedor al Premio Príncipe de Asturias 1987.

La investigación de uno de los neurofisiólogos de mayor prestigio en la comunidad internacional se ha dirigido a la inhibición presináptica, la cual puede ofrecer avances importantes en el entendimiento del dolor.

Durante el recorrido que el científico hizo con su línea de investigación explicó que, así como tenemos memoria de los acontecimientos, también hay una memoria del dolor; es decir, si éste es muy intenso y prolongado se vuelve crónico, por lo que el sistema recuerda y, aunque ya no haya una lesión, sigue doliendo porque se interpreta como si siguiera allí.

A sus 85 años analiza cómo el tallo cerebral y la médula ósea reaccionan al proceso inflamatorio cuando hay anestésicos de por medio como la lidocaína. El impacto de esta investigación es relevante en el entendimiento del dolor, ya que podría derivar en estrategias terapéuticas.

Pablo Rudomín explicó que se sabe que la inyección intravenosa de una pequeña cantidad de un anestésico local, como la lidocaína, administrada antes de una intervención quirúrgica, reduce el dolor posoperatorio en forma significativa, lo que llevó a estudiar el efecto de este analgésico sobre los patrones de conectividad neuronal en la médula espinal, inducidos por la inyección intradérmica de capsaicina.

Lo que encontraron fue que esta sustancia, encontrada en el chile por ejemplo, cancela de manera temporal la memoria del dolor, a lo que el investigador comentó que estos hallazgos permitieron entender con más detalle los cambios en la conectividad de poblaciones neuronales, generadas durante los procesos inflamatorios asociados con el desarrollo de alodinia (percepción anormal del dolor) y de hiperalgesia secundaria (estado de sensibilidad aumentada al dolor).

El investigador, mencionó que su interés por el sistema nervioso central se dio cuando comprendió que allí es donde se generan nuestras percepciones del mundo externo, movimientos, conciencia y pensamientos.

El seminario promovido por el Departamento de Fisiología, Biofísica y Neurociencias del Cinvestav también fue escenario para celebrar los 85 años del investigador Emérito y reconocer su trayectoria científica.

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