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Propone Cinvestav uso de bacterias y hongos para reforestación

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Investigadores del Cinvestav Unidad Irapuato proponen el uso de diferentes cepas de hongos y bacterias para mejorar el crecimiento de árboles, lo que puede acelerar el proceso de reforestación en bosques o mejorar la producción agrícola.

Víctor Olalde Portugal, quien encabeza este trabajo de investigación, explica que de manera natural existen hongos que al adherirse (simbiosis) a las raíces de los árboles les brindan una serie de beneficios. Sin embargo, no todos actúan con la misma calidad, por lo que la tarea de los investigadores fue seleccionar a las mejores cepas para realizar este trabajo.

El grupo de investigación del Departamento de Biotecnología y Bioquímica también ha identificado bacterias del tipo bacillus que, en conjunto con la aplicación de los hongos, ayudan a potencializar el desarrollo del árbol, al tiempo que se encargan de eliminar a los hongos patógenos de la raíz.

Con este hallazgo, los investigadores del Cinvestav Unidad Irapuato esperan realizar paquetes tecnológicos que puedan transferir a una empresa interesada en el desarrollo de esta alternativa a los agroquímicos o vincularse con productores de viveros, según expresa Olalde Portugal.

Al explicar la función que tienen los hongos benéficos en las raíces de los árboles, el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel III señala que el fenómeno de simbiosis ocurridos entre las raíces de los árboles y el microorganismo huésped (hongo) se conoce como micorriza, y se trata de un intercambio de efectos benéficos para ambos organismos.

Cuando el hongo micorrízico se acerca a las raíces de los árboles, apunta Olalde Portugal, comienza una comunicación bioquímica entre ambos para poder asociarse. Así, al identificar el árbol que se trata de un hongo benéfico le permite adherirse a su raíz para que se alimente de él.

Sin embargo, es el hongo micorrízico el que aporta mayores beneficios a la planta, ya que este microorganismo se encarga de explorar el suelo más allá de lo que pueden alcanzar las raíces de los árboles y llevar elementos útiles para su desarrollo vigoroso.

“Por ejemplo, existen suelos deficientes en fósforo, que es vital para el crecimiento de los árboles. De modo que el trabajo de los hongos micorrízicos es extenderse en el subsuelo para encontrar este elemento y llevarlo a la raíz del árbol. De hecho, es posible ver este fenómeno en el bosque, cuando se observa una especie de telaraña en la hojarasca, en realidad se trata de la presencia del hongo”, apunta el experto.

Como esas acciones, la simbiosis entre raíz y el microorganismo representa beneficios no solo en el crecimiento del árbol, sino para su propia sobrevivencia. Tal es el caso de la presencia de estrés hídrico (sequías), en la que el hongo también se encarga de transportar el agua del subsuelo que no está al alcance de las raíces.

Incluso, la investigación del Cinvestav ha encontrado que los árboles con micorriza manejan mejor los tiempos de su fotosíntesis ante climas extremos. “La planta sin presencia micorrízica empieza su función fotosintética muy temprana, casi a la salida del Sol, mientras que las plantas con micorriza hacen esa función a media tarde y termina entrada la noche, es decir en el periodo menos caluroso del día, lo que le ayuda a tener menor desgaste”, comenta Olalde Portugal.

De acuerdo con el Programa Nacional Forestal, México pierde cada año alrededor de 128 mil hectáreas de su cobertura forestal por prácticas ilegales y cambio de uso de suelo, a lo que se sumó este año los incendios forestales, por lo que este tipo de tecnología podría ser de mucha utilidad en la recuperación de árboles en el país.

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