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Trascendente usar el espacio público para reflexionar sobre la violencia de género

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Con la consigna de cambiar al mundo y hacerlo más seguro, Mónica Mayer, artista y crítica de arte, habló sobre su experiencia, el camino y los cambios que realizó en el mundo del arte y el feminismo como precursora y promotora del arte feminista en América Latina.

Durante el Seminario Cinvestav de Igualdad y Género, recordó que en 1978, con la exposición llamada “La Ciudad”, creó el primer tendedero en el Museo de Arte Moderno en México, cuya temática era abordar qué es lo que más detestaban las mujeres del país y escribirlo en un papel, la sorpresa se dio cuando las respuestas a esa pregunta fueron encaminadas hacia el acoso que habían sufrido en algún momento de su vida.

Esta dinámica, además de formar parte de la instalación artística, también sirvió como medio de expresión donde se plasmó la problemática y funcionó para hacer consciencia de las acciones que se tendrían que llevar a cabo para contrarrestarla.

“La idea de crear estos tendederos surgió cuando me involucré en los inicios del movimiento feminista donde se exigía un aborto libre y gratuito”, en esos momentos de la historia, una pieza efímera como el tendedero no se volvía a hacer, pero era tal la necesidad de plasmar la situación vivida por las mujeres que, al trasladar esta idea a otros países, los resultados eran los mismos, señaló la pionera del arte feminista y el performance en México.

El proceso para establecer y fundamentar esta forma de expresión se conformó con los años, pues al inicio, la artista no había encontrado una función real, pero en 2015, tras plasmar la pregunta ¿cuándo fue la primera vez que te acosaron?, comprendió la importancia de hacer visible la problemática, debido a que la mayoría de las respuestas de las mujeres eran que habían tenido su primera experiencia de acoso en la infancia.

Otra función que en el camino se les ha dado a los tendederos, es como recurso educativo, pues su implementación se dio con la finalidad de compartir información y desmitificar todas las cuestiones que tuvieran que ver con violencia de género en las instituciones, lugares cuya trascendencia radica en ser el espacio de trabajo fundamental para lograr un cambio profundo.

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A partir de entonces y hasta hoy, los tendederos se convirtieron en una herramienta para mujeres de distintos ámbitos, pero principalmente en escuelas y universidades, como método de denuncia.

Es importante señalar que el uso de los tendederos no es exclusivo de las víctimas de acoso, esta herramienta sirve para cuestionar a la sociedad sobre su actuar frente a la situación y refrendar su compromiso para combatirlo.

El papel del tendedero es fundamental para hacer visible la narrativa y acompañar a las mujeres; mediante estas estrategias a partir del arte, la educación y el activismo, se plantea cambiar la manera de pensar, plasmar un entendimiento serio de lo complicado que es el acoso y las violencias que día tras día sufren cientos de mujeres en distintos ambientes.

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