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Vigilancia epidemiológica, clave para contener los brotes de viruela símica

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El 24 de mayo de 2022, la Secretaría de Salud emitió un aviso epidemiológico respecto de la viruela símica, en el cual se establecen las definiciones de caso sospechoso, probable y confirmado, así como del procedimiento a seguir ante la identificación de alguno de ellos; cuatro días después fue confirmada la presencia en México de una persona con síntomas leves de la enfermedad.

Ana Lorena Gutiérrez Escolano, investigadora del Departamento de Infectómica y Patogénesis Molecular del Cinvestav, señaló que la viruela símica no es una enfermedad nueva, fue detectada en humanos en 1970 en la República Democrática del Congo, desde entonces se han presentado casos en diversos países de África occidental y central, mientras que en 2003 se identificó el primer brote fuera de este continente.

Respecto de los múltiples casos reportados a partir los primeros días de mayo de 2022 en más de 20 países, la investigadora destacó que son importados; es decir, la infección con el virus no tuvo lugar en el país en el cual fueron detectados.

Agregó que un factor relevante para lograr la contención de los brotes, como ha sucedido hasta el momento, es la vigilancia epidemiológica y el contar con información de los síntomas, esto permite la identificación de las personas infectadas, proceder a su aislamiento y brindarles el tratamiento adecuado, pero al igual que con la covid-19, no es posible predecir los alcances de la enfermedad.

“Un aspecto del cual sí tenemos certeza es que irrumpir en hábitats naturales y trasladar a los animales a otros lugares facilita la propagación de enfermedades antes exclusivas de ciertas regiones; así como el surgimiento de nuevos padecimientos”, dijo Gutiérrez Escolano.

El virus de la viruela símica, que pertenece al género Orthopoxvirus, es transmitido al humano principalmente por contacto directo con los líquidos corporales, incluyendo la sangre, las lesiones de la piel o las mucosas de animales infectados, entre ellos ardillas, ratas y lirones; aunque también tiene una propagación de persona a persona.

Esta puede producirse al tener contacto estrecho con la saliva, secreciones de las vías respiratorias, las pústulas de una persona infectada o con objetos contaminados recientemente, como ropa y utensilios para comer. Por lo cual ante un caso confirmado se recomienda aislar al individuo y que la persona cuidadora utilice cubrebocas, evite el contacto directo con lesiones cutáneas y la ropa sea lavada con jabón abundante y agua tibia.

Si bien el contacto físico es un factor de riesgo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), por el momento no está claro si la viruela símica se transmite a través de la vía sexual.

El intervalo entre la infección con el virus de la viruela símica y la aparición de los síntomas de la enfermedad es de siete hasta 21 días y se distinguen dos etapas, la primera caracterizada por fiebre, dolor de cabeza, lumbar y muscular, además de fatiga e inflamación de los ganglios linfáticos (ubicados en varios sitios del cuerpo, entre ellos el cuello).

En la segunda fase se presenta la erupción cutánea en la cavidad bucal, cara, palmas de las manos y plantas de los pies, que se extiende al tronco; las  lesiones inicialmente son pequeñas, rojas y con una base plana que se transforman en pústulas llenas de líquido amarillento altamente infeccioso, las cuales, finalmente, se secan y con ello termina la infección.

Para diagnosticar de manera precisa la infección con el virus de la viruela símica, se utiliza la prueba molecular llamada reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se identifica la presencia del material genético del virus en las muestras de saliva o del líquido de las pústulas de los pacientes.

Actualmente, existen dos vacunas licenciadas para prevenir la viruela humana, pero como el virus variola, que producía dicha enfermedad, y el de la viruela símica están relacionados, también evitan esta infección con una eficacia de alrededor de 85 por ciento.

Estas vacunas se han administrado después de la exposición al virus de la viruela símica, pues se piensa que podrían evitar la infección o hacerla menos severa. Además, se tienen identificados algunos antivirales con posibilidades de usarse, ya sea para inhibir la entrada o evitar la reproducción del virus dentro de las células, mencionó Gutiérrez Escolano.

Así, aunque el reciente brote de viruela símica es uno de los más grandes ocurridos fuera de África central, de acuerdo con la investigadora del Cinvestav, no implica que se convertirá en una pandemia, “la diferencia es que ya conocemos la enfermedad, tenemos experiencia con la viruela, declarada como erradicada por la OMS en 1980, y las vacunas contra el virus variola podrían producirse en grandes cantidades y utilizarse en caso de ser necesario”.

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