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Reconocen a investigadora del Cinvestav por proyecto de química verde

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Los cambios en las temperaturas que afectan al planeta, así como diferentes tipos de contaminación ambiental relacionadas con la presencia de enfermedades tanto en personas como en prácticamente todas las especies del mundo, han hecho que la conciencia ecológica sea cada vez más considerada en diferentes áreas productivas, y la ciencia no es la excepción.

Por ello, desde hace cinco años la UNESCO, en colaboración con la empresa rusa PhosAgro y la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC, por sus siglas en inglés), apoya cada año a seis investigadores jóvenes relacionados con la química verde, una alternativa de investigación con menor impacto ambiental.

En la edición 2019 de esa convocatoria, y por primera ocasión, una investigadora mexicana formó parte de los seis investigadores que obtienen este apoyo, el cual consiste en una cantidad de 30 mil dólares para ejercerse durante 12 meses en gastos relacionados con el proyecto propuesto.

Se trata de la investigadora del Cinvestav Unidad Mérida, María Antonieta Fernández Herrera, quien propuso un proyecto sobre la síntesis de hormonas de crecimiento vegetal empleadas para el cultivo de chile habanero, a fin de obtener diferentes beneficios de los cultivos, entre los que figuran un mayor tamaño de raíces y frutos, así como incremento en el número de los mismos, aumento de biomasa, además de resistencia a plagas, sequías y otras condiciones de estrés.

“Llevo algunos años trabajando sobre química de esteroides y la síntesis de una gran variedad de moléculas relacionadas con ellos, por lo que el trabajo propuesto al PhosAgro/UNESCO/IUPAC Green Chemestry for Life Research Grant se centró en la síntesis de hormonas de crecimiento, que es un tema en el que tengo diversas publicaciones al respecto. Se trata de compuestos esteroidales que, aplicados en cantidades mínimas (nanogramos por litro), benefician a los cultivos”, sostuvo la investigadora del Cinvestav Unidad Mérida

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El proyecto apoyado por la iniciativa internacional consiste en dos etapas, donde la primera se enfocará a la síntesis de esas hormonas de crecimiento vegetal a partir de esteroides provenientes de plantas, que es una materia prima común, y la síntesis de nuevos esqueletos en la cadena lateral de esos esteroides. La segunda etapa consiste en formular los compuestos que se aplicarán a cultivos de plantas de chile habanero en invernaderos.

La intención de probar esas hormonas de crecimiento en el chile habanero fue debido a la importancia de ese producto en la Península de Yucatán, no solo en la economía de la región, sino también por su componente social.

Además, uno de los requisitos de la convocatoria era que el proyecto científico cumpliera con al menos uno de los 12 principios de la química verde, a lo que Fernández Herrera consideró seis. Uno de ellos fue la economía de átomos durante el proceso de transformación de algún compuesto, a fin de evitar el desperdicio de material. También se emplearán materias primas renovables o de fácil acceso; se generarán productos finales seguros, es decir, no tóxicos para el medio ambiente, y las reacciones o síntesis que se realicen se harán en pocos pasos (sólo 4), para reducir la derivación innecesaria.

Pero uno de los componentes de química verde que resultan más interesantes del proyecto, y quizá una de las razones por las que obtuvo el apoyo de la UNESCO, es que la propuesta del Cinvestav Unidad Mérida sustituirá el uso de catalizadores o aditivos contaminantes por agua en las reacciones requeridas.

“Una de las reacciones que nosotros empleamos es una síntesis promovida por agua supercalentada (superheated water), porque la reacción se hace en microondas a 160 grados centígrados; como se hace a presión, las reacciones no requieren de otro disolvente o compuesto clorado ni de catalizadores, sino que con las mismas propiedades del agua a esa temperatura nosotros logramos solubilizar y promover la reacción”, explicó la investigadora.

De acuerdo con Maria Antonieta Fernandez, el recurso obtenido con este proyecto se empleará en la compra de insumos para la investigación y para las pruebas en invernadero, así como en estancias por parte de los estudiantes del Cinvestav en la Universidad de Iowa, instancia que junto con el Instituto Tecnológico de Conkal participan en el proyecto.

“Este tipo de convocatorias es una alternativa para obtener recursos por medio de instancias con las que no se tengan conflicto de interés, y de esa manera dejar de depender por completo del financiamiento federal para nuestros proyectos”, sostuvo la investigadora.

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